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Tema Dominical

"Envía tu Espírity Señor, y repluebla la faz de la tierra"

Hoy escuchamos dos narraciones sobre cámo recibieron los discípulos al Espíritu Santo. En la primera lectura, Lucas nos da una visión mucho más desarrollada de lo que significó este hecho; y en el Evangelio san Juan nos narra un acontencimineto más íntimo. Sin embargo, en ambas narraciones encontramos los elementos más importantes de este acontecimineto: los discípulos reunidos; el viento (signo de vida nueva); el fuego (signo de purificación) y la predicación (constitutiva de la Iglesia). Estos cuatro elementos nos sirven para comprender en dónde está el corazón de este gran acontecimiento. La venida del Espíritu Santo significó la constitución del Nuevo Pueblo de Dios; la instauración de la Nueva Vida que Cristo había hecho brotar con su Muerte y Reusrrección; la purificación de nuestros pecados y el inicio de la tarea misionera que llevaría a los primeros Apóstoles a expandir este nuevo Reino de Cristo por todo el mundo. Pero esta experiencia no fue sólo un acontecimineto intelectual; los discípulos se vieron transformados profundamente en su interior. Tan es así, que los mismo hombres temerosos que se escondían de los judíos, salen a las calles a proclamar la Buena Nueva.

¿Cómo vivir hoy esta fiesta de Pentecostés? Definitivamente que no podemos pensar que vivir esta fiesta hoy es buscar los mismos signos externos descritos por la Sagrada Escritura. Pero sí es necesario renovarnos en nuestro compromiso por construir este Nuevo Pueblo de Dios que el Santo Espíritu constituyó; nuestro compromiso por vivir la Nueva Vida den Cristo; por purificarnos de nuestros pecados y renovar nuestro esfuerzo por proclamar la palabra de Dios. Debemos recordar que quien cosntruye la Iglesia es el Espíritu Santo, pero sin nuestra cooperación su acción se ve debilitada. Por lo tanto, podríamos decir que nosotros somos co-constructores de este gran Reino que es el de Cristo. Seamos constructores activos y efectivos de este gran proyecto de Dios que es su Reino; no seamos piedra de tropiezo para esta gran obra que Cristo sembró y el Espíritu Santo ha hecho crecer. La Iglesia y el Reino de Dios no pueden crecer sin nosotros.